Rose permaneció expectante, aguardando a que, tal y como había dicho John, apareciesen ellos 3 por la galería. Así pues, al cabo de unos minutos su yo pasado, el doctor y John llegaron a su altura, con lo cual ella decidió salir de su escondite. Al verla y casi de forma automática, su doble pegó un fuerte grito, John le apuntó con la varita y el doctor se acercó a ella de forma cautelosa.
-- Quién eres y qué haces aquí ?
--- Soy Rose. Bueno, una versión futura en realidad. No sé cómo ni por qué pero John se ha aparecido hace unos intantes para advertirme de que no contiuaseis por esa puerta. Es una trampa. No tenemos mucho tiempo, dijo ella. Si continuais por ahí caereis en una trampa.
--- ¿ Dices que yo te he avisado ? preguntó Harry, completamente confundido. ¿ no sérá esto un truco ?
-- Podéis pensar lo que queráis. Me dijiste que el camino a las prisiones debía de estar oculto aquí, bajo el subsuelo, o al menos eso entendí: Fue algo así como " los mejores secretos vienen siempre del subsuelo".
--- Entiendo.
--- En breves momentos yo desapareceré. He completado mi tarea. El tiempo volverá a fluir con normalidad. Espero que todo vaya bien.
Y poco después los 3 se quedaron solos, indagando dónde podía esconderse la entrada que les daría el acceso a las prisiones. Al cabo de media hora infructuosa, durante la cual habían examinado todos los recovecos de la sala, Harry decidió que no le quedaba más remedio que utilizar uno de los hechizos más poderosos de búsqueda que conocía, aprendido a lo largo de sus muchos años de servicio como auror, el letal "verum defunctus". Tan sólo de pensar en el mismo le hizo a Harry estremecerse.
--- Deberías de ocultaros, les aconsejó Harry al doctor y a Rose.
Harry levantó lentamente su varita y fue trazando círculos con ella en el aire. Al principio de forma muy lenta, luego un poco más rápido y así progresivamente mientras pronunciaba una y otra vez el hechizo. Unos haces oscuros de humo empezaron a inundar toda la sala, recorriéndola toda la sala, produciendo un ruido ensordecedor.
--- Verum defunctus, verum defunctus, verum defunctus...
Rose y el doctor se aferraban con todas sus fuerzas a uno de los muros de la sala para evitar ser succionados por el pequeño y oscuro tornado que parecía emanar de Harry y que invadía la sala. En un momento dado Harry percibió una luz brillante procedente de una baldosa medio oculta en el centro de la sala. Era la señal que había estado buscando. Poco a poco dejó que el hechizo fuera muriendo hasta que la oscura nube de humo se disolvió por completo. Harry se acercó a la baldosa y la tanteó por sus bordes hasta que encontró lo que parecía ser una especie de tirador.
--- ¿ Una trampilla ? preguntó Rose
-- Ahora lo averiguaremos, dijo Harry sonriendo
Harry se acababa de despedir de Rose y se encontraba de vuelta junto al doctor, en lo que parecía ser una especie de panteón dedicado a alguien del Pacto.
--- Por fin has vuelto, dijo el doctor. Ese Pent, por poco me atrapa antes.
--- ¿ Dónde estamos escondidos ?
--- Encontré un pasadizo ocultó que me llevó hasta aquí, pero no sé por cuanto tiempo tardará en averiguar que estamos aquí. ¿ avisaste a Rose ?
--- Lo hice. Ahora dependemos de ella. Espero que consigan tener éxito y desaparezca toda esta pesadilla.
-- En efecto, si lo consiguen, todo volverá a la normalidad y libraremos a esos pobres inocentes que El Pacto tiene cautivos.
La puerta que daba acceso a la sala se abrió. Una voz que reconocieron al instante les indicó que Pent al fin les había encontrado.
-- ¡ No conseguiréis salir de aquí ! lo oyeron gritar, lleno de furia
--- ¡ Avada kedavra !
Un rayo verdoso se estrello contra una vitrina cercana haciéndola añicos.
--- Estamos perdidos, dijo el doctor
--- Espero poder contenerle, dijo Harry, mientras miraba su reloj.
Los pasos de Pent acercándose sonaban mucho más cercanos ahora. Harry decidió enfrentarlo, con lo cual salió a su encuentro. El doctor permaneció escondido.
--- ¡ Avada kedavra !
Harry saltó ágilmente hacia su derecha y el rayo asesino se estrelló contra una de las paredes de la sala produciendo una enorme brecha. Entonces decidió crear un pequeño escudo protector que les sirviese para ganar tiempo. Lucius Pent empezó a lanzar hechizos, pero el escudo de Harry los repelía. Aún así, al cabo de un tiempo, el cansancio empezó a hacer mella en él mientras Pent seguía intentando destruir sin éxito el escudo.
--- ¡ Destrum teis ! ¡ Tractum vitelis !....
--- No sé cuanto más podré aguantar aquí, dijo Harry
--- Aguanta John, no creo que en breve lo habrán conseguido.
Más y más rayos continuaban estrellándose contra el escudo-barrera de Harry quien estaba ya al borde del desmayo cuando, de forma repentina, los dos desaparecieron ante la mirada atónita del hechicero del Pacto.
--- ¡ Noooooo ! gritó lleno de cólera el oscuro hechicero. ¡ Me las pagaréis !
De esta forma, el bucle temporal quedó roto y Harry y el doctor se encontraban nuevamente libres junto a Rose en lo que parecía ser el acceso a las prisiones las cuales pudieron ver al fondo. Después de lanzar unos hechizos a las puertas pudieron acceder a las mismas y pco a poco fueron liberando a los prisioneros del Pacto. Una vez que estuvieron todos fuera de sus celdas, Harry improvisó un pequeño traslador que les llevaría a todos a un lugar seguro mientras que él se desaparecería junto a Rose y el doctor camino a la Tardis. Y unas horas después se encontraban todos disfrutando de un espléndido té en una de las habitaciones de la Tardis.
--- Creo que es hora de que continúe mi camino, dijo Harry
-- Nosotros también deberíamos de tomarnos unas pequeñas vacaciones, dijo el doctor. ¿ Qué te parece un pequeño viaje
por el siglo XXIII ? tienen lo que sería algo así como el nuevo Imperio Romano... podríamos comprar algunos regalos para tu madre en el mercado...
--- Jejejej, tú sí que tienes detalles
Harry les dio un fuerte abrazo a ambos y se preparó para marcharse.
--- Espero que acabes con ellos Harry, le dijo entonces el doctor, lo que dejó a Harry bastante confuso.
--- Lo... ¿ has sabido todo el tiempo ? dijo muy confuso
--- Por supuesto, soy el doctor.
--- Pero...
--- Buena suerte, le dijo Rose también despidiéndose
Entonces, Harry salió de la nave y pocos minutos después de que esta hubiese desaparecido dejándole solo, él se desapareció rumbo a las afueras de Hogwarts, en donde se encontraba en esos momentos Hagrid, podando unos arbustos. En ese mismo instante, en la ciudad de Londres:
Los 4 Merodeadores andaban en esos momentos haciendo de las suyas nuevamente. Esta vez, se encontraban huyendo de los policías muggles en unas de las muchas callejuelas de Londres. La motocicleta de carreras tomó tan rápido la curva afilada en la oscuridad que ambos policías del coche de la persecución gritaron: "¡Guau!". El Sargento Fisher apretó su largo pie en el freno, creyendo que el chico que montaba en el asiento de atrás de la moto volaría bajo sus ruedas. Sin embargo, la moto siguió sin arrojar a ninguno de sus ocupantes, y con un pestañeo de su luz roja trasera, desapareció en la estrecha calle de al lado.
-¡Ya les tenemos! exclamó con excitación el capitán de policía Anderson-. ¡Esto es un callejón sin salida!
Tomando el volante con determinación y haciendo crujir la maquinaria, Fisher rayó la mitad de la pintura de la chapa del coche en el intento de perseguirlos por el callejón.Los dos pasajeros estaban atrapados entre una pared de ladrillo y el coche de la policía, que ahora se acercaba hacia ellos como un depredador gruñón de ojos luminosos.Había tan poco espacio entre las puertas del coche y los muros del callejón que Fisher y Anderson habían salido con dificultad del vehículo. Dañó su dignidad tener que medir pulgada a pulgada, como si se tratasen de cangrejos. Fisher arrastró su generosa panza por el muro, arrancando botones de su camisa por el camino, y finalmente descolocando el retrovisor con su parte trasera.
-¡Bajad de la moto! bramó a los jóvenes que sonreían con insolencia, que se habían sentados con la luz azul parpadeante como si disfrutasen con ello.
Lo hicieron como se lo habían mandado. Después de librarse del espejo retrovisor roto, Fisher les miró con ferocidad. Parecían tener unos dieciocho años. El que había estado conduciendo tenía una melena larga y negra. Su buen aspecto insolente desagradablemente le recordó a Fisher al novio guitarrista y holgazán de su hija. El segundo chico también tenía cabello negro, aunque era corto e iba en todas las direcciones. Llevaba gafas y una ancha sonrisa. Los dos vestían camisetas con un gran pájaro dorado estampado; un emblema, no había lugar a dudas, de alguna banda de rock sin ritmo y ensordecedora.
- ¡No lleváis cascos! -gritó Fisher, señalando la cabeza desprotegida de uno de ellos-. Excediendo el límite de velocidad con una considerable cifra -(de hecho, la velocidad registrada había sido mayor que la que Fisher estaba preparado para aceptar de una moto que pudiese viajar). ¡Ignorar la detención de la policía!-¡Nos encantaría detenernos para conversar! -dijo el chico con gafas-. Solo intentábamos...-No te hagas el listillo. ¡Los dos estáis metidos en un buen lio! -gruñó Anderson-. ¡Nombres!
-¿Nombres? -repitió el conductor de cabello largo-. Er... bueno... déjame ver. Está Wilberforce... Bathsheba... Elvendork...-Y lo que es bonito sobre ese es que puedes usarlo tanto para chico como para chica -dijo el chico con gafas.
-Oh, ¿te refieres a nuestros nombres? -preguntó el primero-. Deberías habérmelo dicho. Éste de aquí es James Potter, y yo soy Sirius Black.
-Las cosas se van a poner verdaderamente negras para ti en un minuto, pequeño descarado...
-Pero ni James ni Sirius estaban prestando atención. De repente estuvieron tan alerta como perros de caza, mirando más allá de Fisher y Anderson, sobre el techo del coche de policía, en la boca oscura del callejón. Entonces, con movimientos idénticos y fluidos, se llevaron la mano a sus bolsillos traseros.
En el espacio de un latido los dos policías imaginaron pistolas saliendo de ellos, pero un segundo después descubrieron que los motoristas no habían sacado otra cosa que...
- ¿Baquetas? -preguntó Anderson-. Sois un par de bromistas, ¿verdad? Está bien, quedáis arrestados bajo los cargos de...
Pero Anderson nunca llegó a decir los cargos. James y Sirius habían gritado algo incomprensible, y los haces de luz del coche se habían movido. Los policías dieron una vuelta a su alrededor, después miraron a sus espaldas.
Tres hombres estaban volando, realmente volaban, en el callejón sobre escobas. Y al mismo tiempo, el coche de policía estaba encabritado sobre sus ruedas traseras.Las rodillas de Fisher cedieron; cayó sentado. Anderson tropezó con las piernas de Fisher y cayó encima de él, mientras oían flump-bang-cruch escucharon a los hombres de las escobas chocar contra el coche y caer, aparentemente inconscientes, en el suelo, mientras trozos de escoba caían a su alrededor.
La moto había vuelto a rugir de vida de nuevo. Con la boca abierta, Fisher miró atrás para ver a los dos adolescentes.
-¡Muchas gracias! -le dijo Sirius sobre el ruido de la maquinaria. ¡Os debemos una!
-Sí, ha sido un placer conoceros, dijo James. Y no lo olvidéis: ¡Elvendork! ¡Es unisex!
Hubo un crujido que sacudió la tierra, y Fisher y Anderson se abrazaron el uno al otro de miedo; su carro acababa de caer de nuevo al suelo. Ahora era el turno de la moto de rugir. Antes de que los policías diesen crédito a lo que veían sus ojos, surgió en los aires: James y Sirius desaparecieron en el cielo nocturno, con la luz trasera parpadeando detrás de ellos como un rubí que desaparecía.
--- ¿ Y bien, mi querido Hagrid, has visto por aquí a James Potter y el resto de su cuadrilla ? Tengo un asunto que tratar con ellos antes de proseguir con mi siguiente tarea.
--- Creo que andan haciendo de las suyas por ahí, ya sabes, molestando a los muggles alterando el orden público. Cosas de chiquillos. Por cierto, te ha llegado una nueva carta.
Harry examinó la carta. Sin duda alguna, por la inscripción eran las instrucciones para su próximo trabajo. Lentamente abrió la carta y leyó sus instrucciones. Era lo que suponía.
--- Mmmm... esto va a ser interesante
-- ¿ Y dónde va a ser esta vez ? le preguntó Hagrid
-- Nada menos que en Salem, dijo Harry, riéndose mientras se guardaba la carta en un bolsillo de su túnica.
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